lunes, 12 de septiembre de 2011

DEMASIADO TARDE

Lloviznaba tenuemente. Detrás de la grisácea corporeidad de las diminutas gotas de agua todo el paisaje se veía desleído, como si una mano gigantesca hubiese querido borrar la silueta de los árboles y de las vetustas construcciones de ladrillos rojo- amarronado, a las apuradas. Ninguna presencia humana se percibía en el entorno.
Saltando por sobre los charcos, el joven llegó a la estación exactamente a las cinco y dos minutos de la tarde. Lo supo con certeza porque miró su reloj pulsera. Fue también en ese instante preciso en que descubrió con desazón que el tren ya había partido. Las ventanillas estaban cerradas y los andenes vacíos. La posibilidad de llegar a tiempo a su destino se desvanecía en la premura del maquinista por partir.
Miró a su alrededor. ¿Y si intentase encontrar un taxi? Sabía que sí o sí necesitaba llegar a esa cita. ¿Qué sucedía? ¿Todos habían partido ya de la vieja estación hacia el único bar céntrico del poblado? Porque la ausencia de los mismos era notable.
Comenzó a transpirar; lo sentía en las palmas de las manos. Recorrió con la mirada la estación buscando algún teléfono después que hubo descubierto con una mueca de disgusto que  se había olvidado el celular. Encontró uno solo y descompuesto.
Salió a la calle de ripio que bordeaba la plazoleta sucia y descuidada que envolvía a la desamparada estación ferroviaria. Tal vez algún vecino aceptase llevarlo sólo hasta el pueblo vecino desde donde podría conseguir un ómnibus. ¡Tenía que llegar esa misma tarde! Nada. Nadie. Un pueblo desolado en el abandono de su soledad.
Ahora ya no le transpiraban sólo las manos; sentía todo el cuerpo empapado en gélido sudor. ¿Cómo llegaría a tiempo? Toda su vida futura dependía de esa cita pactada semanas antes.
Sintió un dolor en el pecho…Se ahogaba…
Una sombra humana se deslizó dentro de la estación. Algo como el chirrido de una ventanilla al levantarse lo llamaba. Girando lentamente sobre sí mismo, comenzó a avanzar hacia el andén.
El dolor era insoportable; pensó que iba a morir. Soltó el portafolio y llevó las manos al corazón. Supo que iba a morir… ¡Jamás podría llegar!
Cuando iba desplomándose hacia el suelo, sintió el pitido del tren que entraba en la estación. Entonces recordó que su viejo reloj adelantaba una hora. Demasiado tarde.
Las gotas de sudor se mezclaron con la lluvia mientras el pueblecito se animaba y unas siluetas se le acercaban presurosas.
Demasiado tarde…

Haydée Norma Podestá
Fisherton, 25/8/11
Derechos reservados

10 comentarios:

Haydée Norma Podestá dijo...

Pablo Avendaño en "Publimentar 1" dijo...
Has compensado lo corto de tus haikus, con lo extenso de este relato, que además es estupendo al menos a mi así me lo parece, te felicito, Pablo

12 de septiembre de 2011 09:00

Haydée Norma Podestá dijo...

Chelo en "Publimentar 1" dijo:
Tremendo relato de lo que puede ocurrir por tan solo tener una equivocación en la hora.
Te felicito por tan buena prosa que me ha tenido enganchada de principio a fin.
Besos amiga, feliz semana.
Chelo.

12 de septiembre de 2011 19:03

Haydée Norma Podestá dijo...

Sergio Amaya Santamaría, en "Publimentar 1" dijo:

Querida Haydée, nos presentas un cuento extraordinario, apasionante y con un final inesperado. Te felicito. Besos. Sergio

12 de septiembre de 2011 22:25

Haydée Norma Podestá dijo...

Larisa Pérez Ojeda en "Publimentar 1 " dijo:

ahhhh
la sombra de la muerte ronda este fabuloso cuento plagado de ironía, genial escritora, sin duda.
Abrazos.
Larisa.

13 de septiembre de 2011 00:10

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Haydée Norma Podestá dijo...

Xavier Coderch dijo en "Publimentar 1"

Relato perfectamente "in crescendo" en angustia para mi, pobre y mísero léctor que me siento "tocado" por el mensaje. Perdona que hasta hoy no haya venido a comentar, mi agradecimiento por poder leerte y pido perdón a todos. Xavier
13 de septiembre de 2011 23:02

Haydée Norma Podestá dijo...

Néstor Lombardi dijo en "Publimentar 1"

Heidi querida: Muy buen relato. Nos mataste con el final. Sos muy buena, escribiendo con gracia, una desgracia. Un beso, Néstor

14 de septiembre de 2011 02:52

Haydée Norma Podestá dijo...

Josephine Ruiz. dijo en "Publimentar 1"...
Querida Haydée, un relato muy bueno, que engancha al lector, aunque es muy intenso y triste,
y eso de adelantar el reloj , uy madre mía nunca me gustó adelantar el reloj ni siquiera 5 minutos,
me ha gustado mucho tu hermoso relato , besitos corazón.

14 de septiembre de 2011 11:32

Haydée Norma Podestá dijo...

María Rosa Leoni dijo en "Publimentar 1"...
Haydee, ¡como me gustan los relatos breves!, y sobre todo con un contenido atrapante como este
Besos
María Rosa Leoni

14 de septiembre de 2011 13:58

Beatriz Leibovich dijo...

Haydée, hola amiga
que bueno este cuentito"Demasiado tarde" me gustan los escritos cortos que se definen rápido.
Besos y abrazos para mi querida escritora amiga- Beatriz

Haydée Norma Podestá dijo...

Yoyi en "Publimentar 1" dijo...

¡Qué ironía!, las prisas no son buenas y además llegaba a tiempo. Relato de gran calidad, muy bien contada la historia y buen desenlace. Me ha gustado mucho, Haydée.
Bicos. Yoyi

16 de septiembre de 2011 16:58