martes, 24 de abril de 2018

OBRA



Silencioso te deslizas entre mis manos,
 tus hojas amarillentas denotan el paso de los años.
Eres  un sueño que esperó su tiempo
entre las maderas opacas de aquella
vieja y ajada biblioteca.
Un amigo fiel.
en tus páginas busco historias de amor,
investigo los planetas,
recorro el caudal de los ríos…
Me acompañas desde muy pequeña;
silencioso vives en ese solitario lugar,
duermes día y noche
en la ajada y vieja biblioteca.
Lloro entre tus versos mágicos,
doy rienda suelta a mis fantasías;
mis ojos se deslizan sobre tus renglones
transitando caminos de letras.
Allí muero, entre tus páginas abiertas
sobre mis versos de papel.

 Maisa
María Isabel Bugnon
Derechos reservados


lunes, 9 de abril de 2018

¡NO!



Cae la noche
de la violencia…
Una lluvia de piedras
rasga
la túnica blanca
de la PAZ.
¡Adónde mueren los sueños
despojados
de las palabras?
Un universo de rostros indescifrables,
de sangre hermana,
de gritos que se silencian
surca la impavidez pétrea
del desencuentro.
Ni de las grietas aún más pequeñas
nace la vida.
Una paloma herida
yace
en el suelo…
¡Asusta su inmovilidad!

Haydée Norma Podestá
Rosario, 19/12/17
Derechos reservados




viernes, 9 de febrero de 2018

MES DE ENERO

MES DE ENERO

No sé cómo llegué en ese primer mes del año a estar sentada en aquel interesante grupo de personas. Sucede muchas veces que la memoria se llena de recuerdos aceptables pero olvida, como a los dolores de parto, esos otros que  visten un ropaje de menor brillo, semejantes a las hembras de los pavos reales.
Sea como fuere, lo cierto es que me llamaron la atención las manos, tímidas y recatadas, al comienzo de las conversaciones. También  deben haberle llamado la atención al termo, que como  estirada dama inglesa  cubierta de azul le cuchicheó algo a la boina roja de un curvilíneo envase acuífero mientras observaban cómo las manos estiraban ahora sus dedos ansiosos y se apoderaban y desechaban sucesivamente un mate, visión de una pelota de cuero bastante ajetreada.
Los dedos finos y voluptuosos de las damas contrastaban con el grosor falanginoso de los caballeros cual una nubecilla blanca sobre un sombrío cielo de tormenta. Y mientras veía cómo los dedos crecían en ese concierto de humanos a los cuales daban vida, se mezclaron mis recuerdos de todas las tormentas responsables de oscurecer los cielos de mi niñez con las corridas de los pies tras las pelotas de cuero de mi hermano y sus amigos.
¿Fue mi imaginación o  el pelotazo existió? No lo pueden determinar bien mis  recovecos cerebrales, pero desperté de golpe como la madre que presiente que su bebé va a llorar, para ver a los dedos  apropiarse del espacio, habiendo crecido desproporcionadamente destacándose de la palma estática a la que pertenecían. Ahora esos dedos obligaban a las manos a tomar distintas posturas en el aire o sobre la mesa, acróbatas de un circo invisible a los ojos de los restantes contertulios.
Poco después, si la visión no es como el beso de Judas en mi memoria, algunas lapiceras reptaron, prolongando ese aglutinamiento de dedos, con la necesidad de que ellos evacuaran sus sueños de tinta. Al mismo tiempo, otros dedos dirigían el concierto silencioso de los pensamientos de los contertulios, que parecían no darse cuenta de ese murmullo que me aturdía.
Por un segundo reviví la imagen del aula enmudecida de mi infancia, donde  los pensamientos morían antes de ser dichos y donde unos clavos se apoderaban de las patas como rieles retorcidos de los bancos para esclavizarlos en una inmovilidad eterna. Esa inmovilidad aparente de las vías férreas de mi niñez, que me acunaban con su canción traqueteante, devorada por las asombradas bocas de las persianas verdes de la casa natal.
Los dedos de mis compañeros se desprendieron de sus manos, ahora eran lombrices invasoras colándose también ellos por las ventanas hambrientas. La  casa se ahogaba con tantos dedos escribiendo al unísono y necesitaba devolver, como cuando uno se atiborra de comida y la garganta abre su túnel para recibir amorosamente al anular y al índice, responsables del vómito aliviador.
Dedos audaces, no como los dedos de la muerte. Graves dedos en la muerte, abrazando y palmeando el consuelo de los deudos, empuñando sus barbillas, refugiándose en el hueco anónimo de los bolsillos o secando las lágrimas delatoras del dolor. Dedos que miran impávidos los gestos de la muerte ignorando que algún día ellos mismos serán esqueletos de falanges o cenizas esparcidas al viento.
Escudadas detrás  de los dedos escribientes, las voces de sus humanos persistían como  canto de  chicharras escondidas en un cielo de  verano.  Repentinamente me depositaron en la realidad  monótona del aire acondicionado en ese  caluroso mes de enero, mientras yo descubría un insólito collar de dedos rodeando mi garganta.

Haydée Norma Podestá
Fisherton, 19/01/2018. – 30/01/2018  -   09/02/ 2018
Derechos reservados




lunes, 15 de enero de 2018

TODAVÍA...

                                                             Foto: Haydée Norma Podestá

Aún no ha sido escrita
la última melodía de amor
ni ha sido dicha
la palabra postrera por la paz.
Aún faltan los trazos delineantes
de infinitos senderos
en la cara palpitante
de planeta.
y el surco invisible de algún barco
que cierre el ciclo de estelas
dejando congelado los océanos.
No ha llegado
la inmovilidad del aire
ni la quietud del fuego
no nació la última hoja que será agitada por la brisa.
ni galopó el último caballo
ni se quebró en el alba su relincho.
Hay escondidos cantos de cigarras,
un revolotear de mariposas blancas
que encienden la lámpara sutil de las estrellas
mientras cada hora engarzará el ciclo inalterable
verano, otoño, invierno, primavera.
Todavía parirán las madres
generaciones de hijos de la tierra
y se escucharán sus pequeños llantos
en la urdimbre inicial de la existencia.
Aún hay un guiño de aurora
en la traza fugaz del horizonte.
Todavía asoma el sol cada mañana:
la guerra no pudo cercenar la magia de la vida
brotando de los sucios escombros
de la muerte.
Todavía la humanidad sueña futuros.
No todo se ha perdido.
Aún hay esperanzas…

Haydée Norma Podestá
13/2/17

Derechos reservados

sábado, 13 de enero de 2018

LA VENGANZA



Me inspiró
LA VENGANZA
Se hartó de la sangre...como se había hartado de las burlas...Las risas constantes y esos motes que calificaban su lentitud para pensar y dar respuestas...
Se hartó de la sangre...del placer de clavar una y otra vez la tijera en el cuello de los que se mofaban, silenciándolos mientras la burla se transformaba en horror en sus ojos suplicantes...Ya se había vengado lo suficiente...

Por eso, en un último gesto desesperado, trabó la tijera con un candado, echó la llave en las aguas del río y se alejó para siempre del lugar donde tanto sufriera...

Haydée Norma Podestá
Fisherton, 13/1/18

martes, 2 de enero de 2018

REVELACIÓN

Comparto esta bella poesía de la escritora ALICIA ALASTRA.

REVELACION
NO SOY PALOMA DÓCIL PARA ADIESTRAR.
NI LEONA PARA PELEAR POR QUIEN NO MEREZCO.
NI FRÁGIL RAMA QUE CORTA LA TEMPESTAD.
NI HOJA QUE ARRASTRA EL VIENTO SIN SABER A DONDE VA.
NI DESVARÍO EN MANOS DEL DOMINIO.
NI PRESA PARA SER HERIDA Y MATAR.
NO SOY LO QUE QUIERES QUE SEA.
SOY
PALOMA BLANCA, ARDIENTE.
LEONA DEFENDIENDO LA JUSTICIA Y LA VERDAD.
RAMA FLEXIBLE PARA CONSTRUIR UN HOGAR.
HOJA ARRAIGADA PRESTA A FECUNDAR LA TIERRA.
FERVOR EN CONTRA DE LA MENTIRA.
AMO Y SUFRO, CANTO Y LLORO.
SOY SILENCIOSA GUITARRA A LA ESPERA DE TOMAR VIDA.
NOCHE Y LUZ, LUNA Y SOL, SUS MATICES.
SOY COBIJO EN UN ESPACIO DEL TIEMPO.
SOY QUIEN AMA.
SOY "MUJER"".
ALICIA ALASTRA



 Imagen tomada de Internet.

domingo, 1 de octubre de 2017

LA LUNA Y LA VENTANA

La noche y la luna.
La luna y la ventana.
La ventana y las luces.
Las luces y la habitación.
La habitación y la soledad.
La soledad y los recuerdos.
Los recuerdos y la nostalgia.
La nostalgia y la dulzura.
La dulzura y la sonrisa.
La sonrisa y la mirada.
La mirada y la ventana.
La ventana y la noche.
La noche y la luna...
y yo mirando la ventana, la noche y la luna 

inmersa en el jardín umbrío, solitario, anochecido.

HAYDÉE NORMA PODESTÁ
Fisherton, 30/9/2017
Derechos reservados



inmersa en el jardín umbrío, solitario, anochecido.