domingo, 11 de septiembre de 2011

11 DE SETIEMBRE - DÍA DEL MAESTRO

Hoy, en Argentina, se celebra el Día del Maestro. La fecha se eligió en conmemoración de la muerte de Domingo Faustino Sarmiento, el 11 de setiembre de 1888.

Domingo Faustino Sarmiento fue un adelantado para su época.
Hombre de acción y carácter, eso le valió muchos adversarios y enemigos.
Sus participaciones en diferentes órdenes de la vida pública  siempre estuvieron signados por obras y progreso, más allá de que se pueda o no coincidir políticamente con sus ideas.
Fue un hombre que se tomó el trabajo de expresar siempre su pensamiento.
Tan así fue, que permitió que la historia lo conociese íntegramente sin misterios.
La educación y las ciencias le rinden en su día el mayor tributo y homenaje: recordar en su persona a todos los maestros y maestras que cada día, en cada rincón de mi amada patria, creen en el valor de la educación como la manera de acceder a un proyecto de vida respetando la vocación propia de cada niño y de cada niña que les son confiados por las familias para colaborar en su formación.


G racias, maestra, te decimos
R ecordando tu amor y tu constancia.
A mor que nos brindas sin medida,
C ariño que nos brindas sin recelos.
I magen de la madre en la escuela,
A penas nos recibes en tus brazos
S omos tus hijos adoptivos

M ereciendo lo mejor de tus anhelos.
A quí estamos, todo juntos,
E n tu día para decirte...¡gracias!
S omos tu imagen del futuro.
T odos tus esfuerzos no son vanos.
R ecordaremos para siempre tu enseñanza,
A ún cuando seamos hombres
   y tú seas solamente un recuerdo.

Alumnos de tercer grado, año 1978, de la Escuela Paulo VI, con quienes me sigo viendo.

El acróstico lo escribí en el año 1979 para participar con mis alumnos en el acto del Día del Maestro. Entonces casi todos los docentes éramos mujeres y aún no se hacía la distinción de género. Pero yo lo quiero porque me recuerda las caritas de tantos chicos y chicas que pasaron por mi vida enriqueciéndola con su amor, sus ocurrencias y sus travesuras, sus risas y alguna lagrimita por una caída en el patio del recreo. Chicos y chicas a muchos de los cuales sigo viendo, o que me trajeron después sus hijos a la escuela o que me cuentan ahora de sus nietos. Chicos y chicas, adolescentes, algunos hoy hombres y mujeres, que todavía me gritan ¡Hola seño...! o ¡Chau Haydée...! cuando nos encontramos en la calle; con los cuales puedo confundirme en un abrazo y darles un beso como cuando eran chiquitos y los despedía hasta el otro día. Otros aún están en las escuelas en las cuales trabajé...y me emociona, cuando voy a ellas, verlos correr hacia mí con una sonrisa o, los que son adolescentes, decirme ¡Hola profe!...¿va a venir a nuestro acto de colación?. Mis alumnos son parte de las cosas estupendas y maravillosas con que me premia la vida...y me ha dado y me da muchos premios que dan calorcito de amor a mi alma.

Haydée Norma Podestá
En mi casa de Fisherton, 11/9/11

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