jueves, 26 de agosto de 2010

CUANDO ME INVADE LA NOSTALGIA...


Sentada frente a mi compu, en este mediodía en que un sol esquivo no termina de decidirse si va a ocultarse tras las nubes o a brillar para caldear la tarde, no puedo menos de pensar en vos.
Vivimos en una época en que las distancias han dejado de ser distancias y el mundo ha quedado bastante reducido en virtud de las comunicaciones. A las alas de la imaginación que abrevaban los libros de viajes y aventuras y el cine, ahora podemos sumar las páginas de internet o las redes de comunicación actuales.
Sin embargo, ¡qué lejos estoy de tus abrazos!
Planto mis pies desnudos sobre esta tierra sudamericana que nos contiene y me parece vibrar con las venas subterráneas que nos unen, porque estoy segura que, de un modo misterioso, inexplicable, la corriente de mi sangre llega hasta las plantas de tus pies, seguramente calzados porque no estás acostumbrado a las locuras que para mí son habituales, como caminar las madrugadas sobre el césped escarchado; llega mi sangre impetuosa hasta las suelas que te conectan a tu tierra, con el impulso suficiente para penetrar por ósmosis en la corriente sanguínea de tus venas e inundarte de todo el amor que por vos siento.
Ríos subterráneos comunican ambas costas, la de tu océano y el mío, tan iguales y tan distintos; ríos que fueron concebidos desde el génesis primigenio para que nuestros cuerpos entraran en comunión a la distancia así como nuestros espíritus son compañeros de los pájaros del aire cuando se desprenden de nuestras presencias físicas para amarse en los espacios cósmicos. Ésos que nos reconocen, enamorados y amantes, más allá de todos los tiempos y de todas las distancias.
Porque en la insondable realidad de lo pasado, coincidimos en acciones, en pensamientos y en palabras, casi a un mismo momento realizados, en los días de la infancia o de la juventud idealista en que luchábamos por idénticos valores sociales y caminábamos las huellas de los mismos pasos aunque aún no nos hubiéramos hallado. Pero ya estábamos, para poder conocernos en este entramado de la vida cuando los hilos de nuestros destinos debían juntarse. Y, a pesar de que me lo propusiera, no podría destrenzarlos porque a tu sol siempre lo va a acompañar mi luna...Sol y luna que, aunque parezcan habitar dos momentos tan distintos de esto que llamamos día, ¡cuántas veces vemos el brillo argentado de cara al sol que se va apagando!Pues los dos se miran, habitantes de un mismo tiempo, más allá de la percepción incompleta de los hombres, para concebir una identidad conjunta en la intimidad eterna del espacio.
Y , casi inmóvil, con la sola vida de mis dedos sobre el teclado, me sumerjo en el recuerdo de las inflexiones de tu voz, ésas tan tuyas, en el brillito cómplice de tus ojos y me estremezco con el eco de tu risa tan amada, antes de apoyar mi frente en la frialdad de la pantalla, para olvidarme de que hay una melancólica soledad aún para los que nunca estamos solos; una soledad de arrullos y de piel que se estrella contra el duro cristal de las distancias en el momento mismo en que nacen las nostalgias.

Haydée Norma Podestá
Rosario, 26 de agosto de 2010
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1 comentario:

Mary dijo...

Me gusto tu escrito...dice tanto...A veces pienso que a pesar de tanta comunicación avanzada...el ser humano esta más solo que nunca...el contacto fisico ha quedado desamparado...Me gusta tu escrito porque dice mucho de ti...es delicioso caminar descalza por el cesped...sentir la humedad y la energia de la tierra...Es hermosa tu manera de extrañar y evocar al amor lejano...Es hermoso tu escrito. Un abrazo!!!