
por los fríos túneles del tiempo,
sin importale las caricias demandantes
que rompieron las barreras de los cuerpos.
A veces el amor se va, como
se escapa el agua de los dedos,
huyendo del calor que la contiene
ignorando la ternura de los besos.
A veces el amor se va, olvidando
la explosión pasional de ardiente lecho,
como se aparta el ebrio de la copa
después de saturado su deseo.
A veces el amor se va, como
se escapa el humo de una hoguera
diluyendo la embriaguez del rito
de poseer el cuerpo que lo espera.
A veces el amor se va, sin importarle
el ansia incontenible que despierta,
porque, a veces, el amor tan sólo
es nube pasajera que se aleja.
Y como la nube que no deja rastros
en el límpido añil que la cobija
así, a veces, el amor supone
que no deja huellas en el alma herida...
pues, a veces, el amor es sólo
la excitación febril de unas caricias,
olvidando un corazón que, amante,
llorará las horas de extraviada vida.
Haydée Norma Podestá
Fisherton, 31 de agosto de 2010
derechos reservados