miércoles, 19 de octubre de 2011

¿DÓNDE ESTÁS, MESITA MÍA?

Escribo ya en mi casa...
Escribo porque es lo que siempre he hecho cuando algún acontecimiento  extraordinario o algún suceso de la vida cotidiana me han impactado de manera especial...o porque las ideas surgen de tal modo que siento la necesidad visceral de verlas plasmadas en letras.
Escribo cuando me siento muy feliz o con penas en el alma.
Escribo ya en mi casa...De madrugada...Una madrugada que se desahoga en una lluvia tenue pero continua.
He pasado más de una semana viviendo prácticamente en el sanatorio, junto a mi hijo menor, el proceso de su caída de la moto, por la pérdida súbita del conocimiento, y todo el tiempo que llevó compensarlo y operar su brazo derecho. Suceso que alteró de manera imprevista mis actividades cotidianas. También el ritmo de la casa sufrió modificaciones; no he andado por varios días recorriendo mi jardín y no sé en qué momento durante esta semana, se llevaron de la zona del fondo una de las mesas de los juegos de patio. Eso sí, ladrones muy prolijos, me dejaron cuidadosamente en el suelo, la maceta que estaba sobre ella, de modo que no se rompiera. Y me pregunto si el hecho de que no se llevaran los sillones del juego  se debió a un exceso de honradez, a que les resultaron muy pesados para pasar por encima del cerco o porque mi llegada repentina, alguna de las pocas noches en que regresé a casa para dormir unas horas, les impidió seguir con su diligente tarea de apropiarse de los bienes ajenos. Por lo general, Tango queda encerrado en el jardín trasero para que no se lance encima de las personas desconocidas que llegan a la casa; pero estos días en que poco estuve en mi hogar, fue dueño absoluto del terreno... y él prefiere corretear cerca del límite con la vereda para ladrar a la vida de la calle. Deseo pensar que fue en estas circunstancias en que se llevaron  mi mesita, y no cuando he llegado a casa, casi a  la medianoche, pues Silvana llegaba a relevarme después de las diez, y yo iba hasta ese fondo casi a oscuras por los árboles y las plantas, a soltar a mi perro de su encierro...o la noche en que, ya acostada, lo sentía ladrar muy enojado hacia esa misma oscuridad que yo había cruzado unos momentos antes. No deseo pensar mucho en la situación de inseguridad que se está viviendo, pues de lo contrario, tendríamos que vivir prisioneros en nuestros hogares.
Pero, el paisaje de mi vida diaria cambió...
Los muebles de jardín los trasladé hacia el frente, donde, a la luz del día, aún podremos sentarnos a disfrutar de un rato de charla mientras mateamos con mi nuera y mis amigas o tomamos el té con mi hija y mis nietos.
Pero ya no podré sentarme a leer bajo la sombra fresca de la glorieta, despreocupadamente, mientras descansaba mis piernas sobre la mesa o utilizaba su superficie para escribir mis sentires. Esa pequeña mesa de hierro pintada de blanco estaba en mi jardín desde mucho antes  que yo naciera.
Tal vez mi abuela paterna apoyó sobre ella su costurero mientras tomaba su eterna taza de té de paico...
Tal vez mi padre dejó un momento sobre ella el diario u olvidó un cigarrillo...
Quizá mi madre la utilizó para ir acumulando los racimos de uva blanca mientras los cortaba de la parra...
Para mi hermano y para mí fue tarima para treparnos a cantar o, invertida, barco que nos llevaba a extraordinarias aventuras. A veces era una diligencia que huía de los indios mientras nos defendíamos a tiros...y espero no se critique la inocencia de nuestro juego pues no discriminábamos sino que imitábamos a las películas de cowboys que veíamos en el cine y que eran terriblemente populares en los años de mi infancia.
También contuvo los juegos de mis hijos...y escuchó sus sueños de adolescencia susurrados entre risas.
Con Ana Clara, nos sentábamos todos los miércoles a tomar el té, cuando el tiempo era agradable, en una ceremonia siempre repetida, siempre renovada, mientras esperábamos el regreso de su mamá de la escuela.
Me sorprendió primero, me indignó y me dolió después, el hueco de su ausencia.
No puedo imaginarme dónde estará ahora, ni quien la tendrá...
Pero estoy segura que su alma de metal llora la pérdida de sus amados dueños.

Haydée Norma Podestá
Fisherton, 18 de octubre de 2011

6 comentarios:

Haydée Norma Podestá dijo...

Pablo Avendaño Lara en "Publimentar 1"...

De un objeto cotidiano que tiene más valor sentimental que fisico, has realizado un estupendo relato lleno de recuerdos, y nos has demostrado que sabiendo escribir se puede hacer sentir a tus lectores, no puedo asegurarlo de los demás, pero en mi caso lo has logrado. Pablo

19 de octubre de 2011 13:32

Haydée Norma Podestá dijo...

Néstor Lombardi en "Publimentar 1":

Haydée: Quizás tu mesita perdida esté en el reino de ANA CLARA. Preguntale si puede averiguar algo. Decile que por más que te compres la mesita más bonita del mundo, nunca va a ser, para vos, tan bonita como la que se llevaron esos hijos de una buena madre, si tienen madre. Bueno, enjugemos juntos las lágrimas por la mesita que se fue y sigamos recordándola con el cariño que se merece.
Un beso, Néstor

19 de octubre de 2011 18:33

Haydée Norma Podestá dijo...

Sergio Amaya Santamaría en "Publimentar 1"

Querida Haydée, primero, me alegro que tu hijo vaya superando su accidente y luego me asombro de forma positiva por tu gran calidad narrativa, pues de un hecho común e indignante, como es el hurto, has escrito una narración extraordinaria, llena de vivos recuerdos, de colores y aromas sujetos en el tiempo. Ganas dan de sentarse junto a ti unos momentos en esa querida mesa de toda tu vida. Besos. Sergio

19 de octubre de 2011 19:02

Manuel Maria Torres Rojas dijo...

Haydée Norma Podestá, tu sencilla y pulcra manera de escribir tus vivencias, "petites memoires", recuerdos, nostalgias...es antológica. Me reconcilias con el mundo bloggeril, no siempre tan estimulante como tus cuadernos.Besos y abrazos.

Haydée Norma Podestá dijo...

Chelo Álvarez en "Publimentar 1" dijo...

Me alegra saber que tu hijo va mejor, y con respecto a esa mesita felicitarte por tan estupendo relato que nos haces, lo has descrito de tal manera que he cantado sobre la mesa, he jugado con vosotros, y hasta he sentido el aroma del té y de las uvas que dejaba tu madre.
A veces la pérdida de un objeto se lamenta más por el valor sentimental que por lo económico, pero nada se puede hacer, salvo recordarla con tanto cariño como tu has hecho.
Besos amiga.
Chelo.

21 de octubre de 2011 18:48

Haydée Norma Podestá dijo...

Maria Rosa Leoni dijo en "Publimentar 1" ...
Cuentas, relatas, nos dices. Nos haces sentir como si la perdida de la mesa fuese mia, lo senti como propio logras lo que todo escritor sueña lograr, penetrar con sus letras en el alma del lector!n gracias!!
Me alegro que tu hijo esté mejorando
besos

22 de octubre de 2011 00:06