viernes, 5 de julio de 2019

¿POR QUÉ ESCRIBO?



La oscuridad me ha invadido rodeándome con sus brazos como un amante que, silente y sin desearlo, me sorprende. Apenas un resplandor luminoso que llega reptando por la umbría del jardín se cuela entre las cortinas y me recuerda que la luz existe. Como existe esta pregunta que me ronda la cabeza, ¿por qué escribo? Salta desde mis pensamientos al espacio indefinido donde estoy inmersa y va pegando sus letras en las paredes como insectos luminosos sobre las líneas de un pentagrama. Porque ahora siento que se hace canción en el silencio y voy inventándole melodías mientras canturreo, ¿por qué escribo?...y pienso, ¿por qué escribo?
No lo sé. Escribo desde siempre, desde que tengo memoria.
Escribo por una necesidad imperiosa que me asalta de golpe, como un parto repentino, que me hace dejar todo lo que tengo entre manos para volcarme con desesperación al papel. Entonces, escribo, escribo, y no me siento en paz con mi espíritu hasta que todas las palabras que invaden mi biológica necesidad de escribir se han plasmado sobre una página en blanco.
Eso  ocurre la mayoría de las veces, cuando se desbordan las sensaciones de mi alma y se hacen un grito que las desahoga impertinentes.
Otras veces escribo porque amo la vida, donde  los milagros cotidianos del entorno  se descubren ante mis ojos.
Me inspiran la brisa del otoño cuando transforma en dorada lluvia las hojas de los paraísos. O la sinfonía de colores ocres, marrones, lilas, amarillos de los liquidambas de mi barrio. O intentar captar en una palabra la sensación acústica de las infinitas alfombras de hojas secas desmenuzadas por mis pasos proyectados hasta esta senda otoñal donde sigo amando la poesía.
Escribo porque  vivo el reverdecer de las primaveras con tanta esperanza como el continuo renacer de mis propósitos, borroneados en cuadernos  que olvido en los estantes de mi biblioteca desde que era una niña y que, cada tanto, releo para reinventarme escribiendo.
Escribo porque me moja la lluvia y el sol me besa la cara. Porque existen los ríos, las montañas, los cielos atardecidos y el susurro cómplice de los bosques. También las ciudades con su geografía de cemento y de cables invasores de los retazos de cielo. Con sus personas y personajes.
Porque me gustan los gatos, sobre todos los gatos negros de ojos verdes luminosos, que  refriegan contra mis piernas  su ronroneo satisfecho. Porque, en las noches solitarias, estremece mi insomnio  la pared lejana de ladridos que pone un horizonte a la intranquilidad de lo que sucede allá afuera, a lo imprevisible, a los actos desconocidos de  invisibles habitantes que son material para mis historias.
Escribo porque me prolongo en hijos y en nietos y brotan de mis versos canciones de cuna y cuentos de piratas. Y esos otros cuentos que se inician en lo que me pasa en este mundo de mi realidad…pero también en el mundo de mis fantasías, universo paralelo donde  puedo ser lo que yo quiero, heroína, aventurera, noctámbula callejera, siempre distinta,  y no lo que me impone la vida.
Escribo porque me ilusiona el amor, aún ahora; los que fueron, los que son…y los que llegarán algún día. El amor posible, el que deja dulces recuerdos y ese otro amor, lejano e imposible, que colma mi necesidad innata de ser amada
Escribo porque las letras son el milagro que encadenan las palabras que arman oraciones con las que digo lo que pienso y lo que siento. Porque me fascina ese mundo de verbos y de sustantivos que puedo enlazar a mi antojo para llegar al otro y sentir que mis palabras dejaron de ser mías para hacerse carne en  formas de pensar que pueden recrearme de cien maneras distintas…pero sobre todo me maravillan los adjetivos de mi lengua, toneladas de adjetivos de los que puedo hacer uso y abuso para cambiar, como un mago, una palabra en otras muy diferentes.
O tal vez escribo, porque “es la tinta la sangre del poeta”…y mi sangre necesita derramarse en ríos de tinta para recorrer las venas de la tierra  haciéndose voz en todos los rincones del planeta…mágica revancha a la realidad de mi persona, fiel habitante de la casa paterna,  mi pequeño lugar en el mundo, donde puedo escribir relatos de los que ha sido testigo la misma en casi cien años de historia.
                                                      Haydée Norma Podestá
                                                             6/6/2019









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