La luz sedácea
de la tarde fría
refleja un cielo
azul de porcelana
en la cara
inerte de las ventanas,
pulsando una
inquieta melodía.
El orbe queda
como suspendido
en un extraño
juego de ilusiones
porque parecen
yertas sensaciones
del paisaje,
cada rasgo vívido.
El horizonte
gesta una luna
que anuncia con
timidez la noche.
Marcando el fin
de las horas diurnas
el coro de las
aves, como un broche,
estalla su
concierto en la bruma
que va
envolviendo el alma de los hombres.
Haydée Norma Podestá
Rosario, 16/11/13
Derechos reservados

Por Raúl "Negro" Gómez
