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sábado, 7 de abril de 2012

PIRUETAS




Saltar por el aire.
Perderme en el viento.
Girar locamente
y caer en tierra.
¡Qué simple la vida!
¡Qué locas sus risas!
Volver por más pruebas.
Sentirme un payaso
que revive siempre
en nuevos ensayos.
¡Qué sabia la vida!
Que puebla de juegos
los días de infancia...
Guardemos la infancia
de todos los niños
con vueltas y juegos
y risas al viento.
Cuidemos la infancia
de todas las niñas.
Que sean adultos
con bellos recuerdos.

Haydée Norma Podestá
Rosario, 7/4/12
Derechos reservados

sábado, 18 de febrero de 2012

MI PRIMER RECUERDO

En las casas, y mucho más en las casas antiguas, hay rincones especiales que va bautizando el uso diario.
En nuestro jardín estaba uno al que llamábamos "la canilla del frente".
Quiero imaginarme hoy cómo era ese lugar, pero los recuerdos se me mezclan con la vista del cantero de las sombrillas de la Virgen  que actualmente lo ocupan.
Sin embargo, surge como una visión verde y espinosa, la araucaria cercana, con sus ramas hasta el suelo que formaban una especie de refugio donde nos escondíamos a jugar las horas más calurosas de los interminables veranos; las yemas de mis dedos me avivan la memoria con la sensación de su tronco áspero y rugoso mientras allá arriba se balanceaban las enormes piñas verdes  que encontrábamos en el suelo después de las tormentas.Vuelvo a escuchar a las pirinchas parlanchinas que hacían nido en su copa mientras intento olvidar a los murciélagos que también la usaban como albergue y que, en las noches estivales, me hacían tener miedo de salir al patio ensombrecido.
Puedo volver a ver las matas de tuyas recortadas como arbustos que estaban en las esquinas de los caminos de pedregullo rojo, que bordeaban grandes espacios con canteros de flores y con césped.
Resurgen los pinos y los cedros, plantados sobre el largo límite del terreno, que da sobre las vías, recostados sobre el  cerco de ligustros, altísimo para mi pequeña estatura de niña .
Llega a mí el perfume de las manchas rosas de un enorme laurel de flor, ya desaparecido y al cual extraño hasta ahora.
Todo esto formaba el entorno de la canilla mencionada; canilla puesta allí para facilitar el riego, enhiesta sobre un rígido caño que la elevaba unos cincuenta centímetros del suelo y que ejercía una atracción mágica para mi hermano y para mí porque allí escapábamos al control de nuestra madre, siempre atareada en sus labores o cosiendo en las habitaciones que daban al jardín del fondo de la casa grande.
Un día, tendría yo unos cinco años,  estábamos por salir a nuestras habituales visitas a algún familiar o amiga de mamá,  quien ya nos había cambiado, impecablemente vestidos de blanco, y , luego de recomendarnos de que no nos ensuciáramos, procedía a su propio arreglo.
Entonces la memoria me lleva a darle la mano a mi hermano y conducirlo hasta la canilla del frente. Me veo agachada junto a ella, abriéndola entre los dos, dejándole salir un potente chorro de agua cristalina que iba inundando sin piedad el espacio a su pie, mientras nosotros nos dedicábamos a hacer  tortitas , felices e inocentes , disfrutando de ese maravilloso placer que es modelar el barro con las manos...hasta que sentimos la voz airada de mi mami, que no podía creer lo que sus ojos estaban viendo.
Por supuesto,  al ser la hermana mayor, siempre me achacaban toda la responsabilidad de nuestras travesuras...y mientras nos comunicaban que se suspendía el paseo, yo recibí el único chirlo que me dio nuestra madre y  experimenté el  primero de sus enojos que yo puedo recordar.
Por suerte, la famosa canilla continúa imperturbable su vida en el mismo rincón del parque, y, cada tanto, una sonrisa mía revive nuestras siestas de escultores de barro, mientras ella me hace un cansado guiño de complicidad.

Haydée Norma Podestá
Fisherton, Rosario, 18 de febrero de 2012.
Derechos reservados.


Mi cuñada Susanita, mi hermano Pirucho, con quien fuimos compinches de muchas travesuras, y yo, en octubre de 2011.


jueves, 25 de agosto de 2011

DESEO PARA LOS NIÑOS

por MEX URTIZBEREA

Lo comparto con Uds.; me llegó por mi correo

 

Que sean niños los niños.
Que sean niños, y no clientes de las compañías de celulares, o vendedores de rosas en los bares, o estrellas descartables de la televisión.
Niños, no limpiavidrios en los semáforos, o botín de padres enfrentados o repartidores de estampitas en los subtes.
Que no sean niños soldados, los niños. Que sean niños los niños, simplemente.
Que no sean foto de un portal pornográfico.
Que no sean los habitantes de un reformatorio.
Que no sean costureros en talleres ilegales de ningún lugar del mundo.
Que sean niños los niños, y no un target.
Que no sean los que pagan las culpas. Los que reciben los golpes. Los bombardeados por publicidad.
Que sean niños los niños. Todo lo aniñados que quieran. Todo lo infantiles que quieran. Todo lo ingenuos que quieran. Que hagan libremente sus niñerías.
Que se dediquen a ser niños y no a otra cosa.
Que no sean los que no juegan, los acosados por las preocupaciones, los tapados de actividades.
Que sean niños los niños y se los deje preguntar sin levantar la mano, formar filas torcidas, llevar alguna vez la Bandera no por ser mejor alumno, sino por ser buen compañero.
Que sean niños los niños y no los incentivados con desmesura a consumir todo lo que saca el mercado.
Que sean niños, y no los que aspiran pegamento en una esquina o fuman paco en la otra, tan de nadie, tan desprotegidos.
Niños, no nombres que tienen que rogar por recibir el apellido paterno o la cuota de alimentos.
Que sean niños los niños.
Y que los niños sean lo intocable, que sea la gran coincidencia en cualquier discusión ideológica; que por ellos se desvelen los economistas de todas las corrientes, los dirigentes de todos los partidos, los periodistas de todos los medios, los vecinos de todas las cuadras, los asistentes sociales de todas las municipalidades, los maestros de todas las escuelas.
Que sean niños los niños, y no el juguete de los abusadores.
Que sean niños, no "el repetidor" o "el conflictivo" o "el que nunca trae los deberes".

Niños, y no los que empujan el carro con cartones.
Que sean niños los niños, simplemente.
Que ejerzan en paz el oficio de recién llegados.
Que se los llame a trabajar con la imaginación o con lápices de colores.
Que se los deje ser niños, todo lo niños que quieran.
Y que los niños sean lo importante, que por ellos lleguen a un acuerdo los que nunca se ponen de acuerdo; que por ellos se dirijan la palabra los que no se hablan, que por ellos hagan algo los que nunca hicieron nada.
Que sean niños los niños y que no dejen de joder con la pelota.
Que sean niños en su día. Que lo sean todos los días del año. Que sean felices los niños, por ser niños.
Inocentes de todo lo heredado.