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viernes, 25 de noviembre de 2011
MENSAJE 2
Seguirá llegando
todas las mañanas
ese beso puro
que envío por vos.
Seguiré guardando
dentro de mi alma
ese amor inmenso
que vive por vos.
Pero en la ronda
que enlaza los días
tejiendo las horas
tan lejos de vos,
reaprendo las risas
con otras caricias
de un amor ardiente
que ya no sos vos...
Quizá es el premio
que me da la vida
por haberte amado
más allá de mí.
Tal vez en tu ahora
te amen con locura,
con pasión intensa
como te amé yo
y en tu rostro amado
posen su ternura
murmurando versos
como lo hice yo...
Pasarás tus días
reviviendo encuentros
mientras yo resurjo
a un mundo de luz;
pero el relicario
de mi pecho amante
guardará el recuerdo
de tu dulce voz.
Yo te dije siempre,
más allá de todo,
y aunque hoy lo ame
no te olvido a vos
pues fuiste la fuente
de mis ilusiones,
el alma gemela
que el destino envió.
Pondrá la distancia
sus amores nuevos,
olvido o nostalgia
verterá en los dos.
Moriré en mi cuerpo
-amor de tu vida-
cerrarán tus ojos
- de la mía, luz -
pero nuestra historia
más allá del tiempo,
más allá del mundo...
¡es eterno amor!
Haydée Norma Podestá
Rosario, 25/11/11
Santa Fe, Argentina
Derechos reservados
Ubicación:
Rosario, Santa Fe, Argentina
lunes, 31 de enero de 2011
PRESENCIA
Desfallecía la tarde postrada entre el calor sofocante de un interminable enero y los dedos impacientes de la noche por acariciar un ocaso teñido en los sudores de los hombres y el jadeo entrecortado de los perros.
Intentaba descansar un rato pero la pringosa humedad de las sábanas reclamando su piel enfebrecida lo mantenía en una duermevela constante. Cambió varias veces de postura, para buscar alivio en el frescor, más imaginario que real, del sitio que iba abandonando en cada vuelta de su cuerpo.
Tampoco lo ayudaban a dormirse los pesados manotazos dados al aire intentando escapar al acoso de los mosquitos.
Desde el techo, un ventilador chirriaba su monótona protesta por tener que hacer girar un aire enrarecido que se resistía a refrescar el ambiente.
Todo era pesadez y zumbido cuando, por un breve lapso, un soplo gélido le rozó la cara.
Él pensó que era una ráfaga de viento... que se había colado por la ventana entreabierta despeinando sus cabellos. Después refrescó su frente y se mezcló con su aliento.
Inesperadamente, comenzó a llover
Un aroma dulzón apaciguó el agrio olor de su transpiración.
Imaginó que ese perfume de jazmines venía del jardín... Invadía la habitación, rodeándolo tiernamente, como apretándose contra su pecho.
También creyó que era el ruido de la lluvia en los cristales...Pero el susurrar del agua extrañamente salmodiaba una melodía que resonó en cada rincón de su casa...Un murmullo monótono y continuo donde supuso oir..."te quiero...te extraño...te necesito..."
Abrió los ojos a pesar de la tenaz resistencia de los párpados por querer domeñar al sueño.
Unos puntos luminosos perforaban ahora las deshilachadas nubes de esa efímera tormenta de verano.
Vio como subyugado, el brillo en las estrellas que llegaba hasta él como haces de luz, fulgor originado millones de años antes, desde los puntos de origen. Esa luz, que penetraba la mirada, mantenía sus ojos prendidos en la inmensidad...
Mentalmente, toda su vida se presentó como una incolora serie de diapositivas...Fueron pasando raudas hasta que se detuvo en ésa...la de los recuerdos punzantes...la del no ser que se instaló en su vida...la del adiós forzado... Ésa, estallando en una gama inacabable de rojos de ira, de rabia, de amor, de pasión, de dolor,de impotencia. Ésa. Sólo ésa.
Al instante, percibió una presencia tendida a su lado. Como un calor impalpable sobre el calor insostenible de la carne, encendiéndose en cada centímetro de su piel. Lo estremecía la levedad de unos dedos recorriendo lentamente su espalda. Su soledad se hizo menos sola. Cerró los brazos como queriendo atrapar algún fantasma...un desesperado abrazo al aire.
¡No pudo contener una exclamación de sorpresa!
Un cuerpo cálido y latiente de mujer se pegó al suyo, sólido, concreto, vivo...
Comprendió entonces el valor de esa ráfaga de aire, del perfume a jazmines, del susurrar de la lluvia, del brillar de las estrellas.
En las arenas atemporales de lo eterno, el mutuo juramento de amor quedó grabado siendo aún tan poderoso como para transportar la imagen amada a través del tiempo y del espacio...para fundirse ambos en una sola carne y dormir la eternidad confundidos en un beso sin final.
Haydée Norma Podestá
Rosario, 13/02/09-(Modificado:30/01/11)
Santa Fe, Argentina
Intentaba descansar un rato pero la pringosa humedad de las sábanas reclamando su piel enfebrecida lo mantenía en una duermevela constante. Cambió varias veces de postura, para buscar alivio en el frescor, más imaginario que real, del sitio que iba abandonando en cada vuelta de su cuerpo.
Tampoco lo ayudaban a dormirse los pesados manotazos dados al aire intentando escapar al acoso de los mosquitos.
Desde el techo, un ventilador chirriaba su monótona protesta por tener que hacer girar un aire enrarecido que se resistía a refrescar el ambiente.
Todo era pesadez y zumbido cuando, por un breve lapso, un soplo gélido le rozó la cara.
Él pensó que era una ráfaga de viento... que se había colado por la ventana entreabierta despeinando sus cabellos. Después refrescó su frente y se mezcló con su aliento.
Inesperadamente, comenzó a llover
Un aroma dulzón apaciguó el agrio olor de su transpiración.
Imaginó que ese perfume de jazmines venía del jardín... Invadía la habitación, rodeándolo tiernamente, como apretándose contra su pecho.
También creyó que era el ruido de la lluvia en los cristales...Pero el susurrar del agua extrañamente salmodiaba una melodía que resonó en cada rincón de su casa...Un murmullo monótono y continuo donde supuso oir..."te quiero...te extraño...te necesito..."
Abrió los ojos a pesar de la tenaz resistencia de los párpados por querer domeñar al sueño.
Unos puntos luminosos perforaban ahora las deshilachadas nubes de esa efímera tormenta de verano.
Vio como subyugado, el brillo en las estrellas que llegaba hasta él como haces de luz, fulgor originado millones de años antes, desde los puntos de origen. Esa luz, que penetraba la mirada, mantenía sus ojos prendidos en la inmensidad...
Mentalmente, toda su vida se presentó como una incolora serie de diapositivas...Fueron pasando raudas hasta que se detuvo en ésa...la de los recuerdos punzantes...la del no ser que se instaló en su vida...la del adiós forzado... Ésa, estallando en una gama inacabable de rojos de ira, de rabia, de amor, de pasión, de dolor,de impotencia. Ésa. Sólo ésa.
Al instante, percibió una presencia tendida a su lado. Como un calor impalpable sobre el calor insostenible de la carne, encendiéndose en cada centímetro de su piel. Lo estremecía la levedad de unos dedos recorriendo lentamente su espalda. Su soledad se hizo menos sola. Cerró los brazos como queriendo atrapar algún fantasma...un desesperado abrazo al aire.
¡No pudo contener una exclamación de sorpresa!
Un cuerpo cálido y latiente de mujer se pegó al suyo, sólido, concreto, vivo...
Comprendió entonces el valor de esa ráfaga de aire, del perfume a jazmines, del susurrar de la lluvia, del brillar de las estrellas.
En las arenas atemporales de lo eterno, el mutuo juramento de amor quedó grabado siendo aún tan poderoso como para transportar la imagen amada a través del tiempo y del espacio...para fundirse ambos en una sola carne y dormir la eternidad confundidos en un beso sin final.
Haydée Norma Podestá
Rosario, 13/02/09-(Modificado:30/01/11)
Santa Fe, Argentina
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