lunes, 27 de agosto de 2018
MIENTRAS CAE LA LLUVIA
Afuera llueve…
Las gotas distraen mi atención con su llanto leve sobre el techo. Un golpeteo discreto, lo suficiente para atraer mis pensamientos.
Afuera llueve…Yo estoy sumergida en mi ducha matinal y la caricia de estas gotas calientes sobre mi cuerpo me estremecen pensando en la frialdad de las otras gotas, las de lluvia. De otras lluvias que invaden mis espacios con su repiquetear sonoro de silencios.
Las gotas cálidas se deslizan impacientes desde mi pelo hasta buscar mis pies, besando palmo a palmo este cuerpo mío que es también el tuyo… que revive la magia de esas lluvias que compartíamos descalzos mientras el eco de las risas empapa el recuerdo de tus manos deslizándose al ritmo acuoso por mi cuerpo.
Las gotas tibias me resbalan…Las de las lluvias, frías, me poseen…y tus dedos, lejanos en la muerte de las que ayer fueron, regresan de lo que vivimos para ser de nuevo los dedos que me esculpen bajo todas las lluvias del planeta…
Mágico poder de la memoria impreso para siempre en mis sentidos; génesis eterno de tus caricias que renacen, cálidas y vívidas, en cada gota de lluvia que me llama.
domingo, 26 de agosto de 2018
MATES EN LA CAMA
No soy de
las personas que buscan la cama para leer o para mirar televisión. Cuando llego a mi lecho, me desplomo sobre el
mismo rendida de las tareas del día o
porque me he obligado a quedarme en pie hasta que los ojos se cierran del
sueño.
En otros
días, cada vez más alejados en el tiempo, me traían los domingos el desayuno a
la cama.
Por eso, tal
vez, me sonreí cuando me invitaste a prolongar la mañana con unos mates en la
cama. Pedido inconsciente y muy arriesgado el tuyo porque soy malísima cebando
mates. Sin embargo no lo iba a confesar pues hay confesiones que pueden dar por
tierra las situaciones mágicas. Y aunque
mi espíritu rebelde se resistía a que tan pronto me impusieras costumbres que
no son las habituales para mi alma de pájaro libre, ignoré los barrotes de la
jaula y decidí íntimamente que podría descubrir rituales estremecedores en el
cebado de unos mates.
Voy a
saltar, por ya sabidas, las acciones de calentar el agua a punto y proveerme de
los elementos necesarios.
Voy a dejar
de lado la despreocupación aparente de revolver mi pelo y de tener sólo el
liviano camisón sobre mi cuerpo. A éste le bastaba el intencional toque de
perfume que se confundió con el aroma de mi piel anochecida.
Volví con el
mate y con la yerba mientras depositaba el termo en el hueco de la almohada que
antes ocupara mi cabeza. Me bastaba arrodillarme sobre las sábanas, enfrentado
con mi sonrisa tu mirada, para ir llenando lentamente la pequeña calabaza, como
acariciando su vientre pródigo, para penetrarla después con la bombilla
mientras la presión de tus dedos sobre mi pierna encendía la temperatura del
chorro de agua, vertido en un costado de la hierba para no quemarla.
A la
cebadora le corresponde probar el primer mate…acción realizada hasta que el
pequeño chirrido del vacío alejaron mis labios de la bombilla para ese placer
primerizo de ofrecerte tu primer mate con mis manos.
Fui
vertiendo el agua lentamente mientras sentía cómo la tela que me cubría se iba
enrollando también muy despacio, acompasando su tiempo al del chorro humeante.
Entonces te
tendí mi cebadura pero ignoré tu mano que se tendía para atraparlo, para
recorrer con su tibieza tu torso desnudo, subir por tu garganta, acariciar el
costado de tu rostro y detenerse sobre tu boca que jamás probó ese primer mate
porque ya mordía en impulso irrefrenable nuestros besos en mis labios
entreabiertos.
Haydée Norma
Podestá
Fisherton,
26/8/18
viernes, 10 de agosto de 2018
MI AMIGA NORA PARTIÓ...
Dedicado a mi amiga Nora Silvia Sánchez...o Nora Latinista...
Mi amiga
Nora partió…Y uno se pregunta lo mismo de siempre, ¿por qué se van primero los
buenos?
No recuerdo
haberla visto nunca de mal humor. Sí algunas veces con tristeza por esas cosas
con que la vida nos va templando. Pero en contadas ocasiones.
Nora era
siempre la sonrisa y la palabra alentadora.
Parecía
frágil…pero tenía la fortaleza suficiente para ser el pilar de su casa.
Junto a su
familia estuvo presente en todos los momentos importantes de la escuela Paulo
VI y la comunidad de María Reina. Pero muy lejos de ella pedir retribuciones por esa colaboración que
nacía de su corazón .
En su labor
docente, finalmente reconocida con un cargo de Vicedirección donde no sólo se
pudo comprobar lo que sabía por los años de experiencia sino donde aportó lo
que es invalorable, su cariño y su comprensión
para los docentes y su criterio para lo resolutivo. Un lugar que se lo
ganó ella misma, demostrando que tenía la capacidad necesaria para merecerlo.
Se puede dirigir sin ponerse una máscara de rigidez, absolutamente innecesaria.
Mi amiga
Nora partió…y me quedo pensando en todos los momentos atesorados en mi
corazón…También me pregunto por qué se van los tiempos tan de prisa y dejamos
que se lleven tantos otros programados y no realizados…pensando que la vida es
un tiempo infinito donde siempre vamos a tener posibilidades de vernos
eternamente.
Querida
Norita…Charlotte ya nos sería imposible porque cierra…pero buscá algún lugar
donde estás para tomarnos ese té y darnos esa charla que no pudo ser porque un horizonte vida-muerte nos separa. ¡¡Y me duele!! ¡¡Cómo me duele!!
miércoles, 20 de junio de 2018
MEMORIA
Mujer de medianoche
avanzo hacia una madrugada
donde los dedostentáculos de la memoria
rastrean por mi cuerpo entumecido
la levedad de tus caricias.
Palomas levantando vuelo
desde la tibieza de mi piel enardecida
para oscurecer los soles sin auroras
sin olvidos
sin historia.
Enloquecidas mariposas nocturnales
que giran y giran
obnubiladas
por el foco de luz de tu recuerdo
en esta llama que arde entre mis manos
como fantasmales fuegos fatuos.
Despereza el sol el horizonte
maduro de la noche
y un viento profundo y misterioso
deshace entre suspiros
la última caricia que dejaste
el postrer recuerdo
de tu boca.
Haydée Norma Podestá
Fisherton, 20/06/2018
(Foto: Haydée Norma Podestá)
martes, 24 de abril de 2018
OBRA
Silencioso te deslizas entre mis manos,
tus hojas
amarillentas denotan el paso de los años.
Eres un sueño
que esperó su tiempo
entre las maderas opacas de aquella
vieja y ajada biblioteca.
Un amigo fiel.
en tus páginas busco historias de amor,
investigo los planetas,
recorro el caudal de los ríos…
Me acompañas desde muy pequeña;
silencioso vives en ese solitario lugar,
duermes día y noche
en la ajada y vieja biblioteca.
Lloro entre tus versos mágicos,
doy rienda suelta a mis fantasías;
mis ojos se deslizan sobre tus renglones
transitando caminos de letras.
Allí muero, entre tus páginas abiertas
sobre mis versos de papel.
Maisa
María Isabel Bugnon
Derechos reservados
lunes, 9 de abril de 2018
¡NO!
Cae la noche
de la violencia…
Una lluvia de piedras
rasga
la túnica blanca
de la
PAZ.
¡Adónde mueren los sueños
despojados
de las palabras?
Un universo de rostros indescifrables,
de sangre hermana,
de gritos que se silencian
surca la impavidez pétrea
del desencuentro.
Ni de las grietas aún más pequeñas
nace la vida.
Una paloma herida
yace
en el suelo…
¡Asusta su inmovilidad!
Haydée Norma Podestá
Rosario, 19/12/17
Derechos reservados
viernes, 9 de febrero de 2018
MES DE ENERO
MES DE ENERO
No sé cómo
llegué en ese primer mes del año a estar sentada en aquel interesante grupo de
personas. Sucede muchas veces que la memoria se llena de recuerdos aceptables
pero olvida, como a los dolores de parto, esos otros que visten un ropaje de menor brillo, semejantes
a las hembras de los pavos reales.
Sea como
fuere, lo cierto es que me llamaron la atención las manos, tímidas y recatadas,
al comienzo de las conversaciones. También
deben haberle llamado la atención al termo, que como estirada dama inglesa cubierta de azul le cuchicheó algo a la boina
roja de un curvilíneo envase acuífero mientras observaban cómo las manos
estiraban ahora sus dedos ansiosos y se apoderaban y desechaban sucesivamente un
mate, visión de una pelota de cuero bastante ajetreada.
Los dedos
finos y voluptuosos de las damas contrastaban con el grosor falanginoso de los
caballeros cual una nubecilla blanca sobre un sombrío cielo de tormenta. Y
mientras veía cómo los dedos crecían en ese concierto de humanos a los cuales
daban vida, se mezclaron mis recuerdos de todas las tormentas responsables de
oscurecer los cielos de mi niñez con las corridas de los pies tras las pelotas
de cuero de mi hermano y sus amigos.
¿Fue mi
imaginación o el pelotazo existió? No lo
pueden determinar bien mis recovecos
cerebrales, pero desperté de golpe como la madre que presiente que su bebé va a
llorar, para ver a los dedos apropiarse
del espacio, habiendo crecido desproporcionadamente destacándose de la palma
estática a la que pertenecían. Ahora esos dedos obligaban a las manos a tomar
distintas posturas en el aire o sobre la mesa, acróbatas de un circo invisible
a los ojos de los restantes contertulios.
Poco
después, si la visión no es como el beso de Judas en mi memoria, algunas lapiceras
reptaron, prolongando ese aglutinamiento de dedos, con la necesidad de que
ellos evacuaran sus sueños de tinta. Al mismo tiempo, otros dedos dirigían el
concierto silencioso de los pensamientos de los contertulios, que parecían no
darse cuenta de ese murmullo que me aturdía.
Por un
segundo reviví la imagen del aula enmudecida de mi infancia, donde los pensamientos morían antes de ser dichos y
donde unos clavos se apoderaban de las patas como rieles retorcidos de los
bancos para esclavizarlos en una inmovilidad eterna. Esa inmovilidad aparente
de las vías férreas de mi niñez, que me acunaban con su canción traqueteante,
devorada por las asombradas bocas de las persianas verdes de la casa natal.
Los dedos de
mis compañeros se desprendieron de sus manos, ahora eran lombrices invasoras
colándose también ellos por las ventanas hambrientas. La casa se ahogaba con tantos dedos escribiendo
al unísono y necesitaba devolver, como cuando uno se atiborra de comida y la
garganta abre su túnel para recibir amorosamente al anular y al índice,
responsables del vómito aliviador.
Dedos
audaces, no como los dedos de la muerte. Graves dedos en la muerte, abrazando y
palmeando el consuelo de los deudos, empuñando sus barbillas, refugiándose en
el hueco anónimo de los bolsillos o secando las lágrimas delatoras del dolor.
Dedos que miran impávidos los gestos de la muerte ignorando que algún día ellos
mismos serán esqueletos de falanges o cenizas esparcidas al viento.
Escudadas
detrás de los dedos escribientes, las
voces de sus humanos persistían como
canto de chicharras escondidas en
un cielo de verano. Repentinamente me depositaron en la
realidad monótona del aire acondicionado
en ese caluroso mes de enero, mientras
yo descubría un insólito collar de dedos rodeando mi garganta.
Haydée Norma
Podestá
Fisherton,
19/01/2018. – 30/01/2018 - 09/02/ 2018
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