jueves, 14 de mayo de 2009

MIS OJOS...LOS OJOS...

Los ojos del tiempo
me invaden la mirada
penetran cada fibra de mi ser
radiografían mis sentimientos
más profundos
y los plasman
en la placa gris
de la nada.
Vislumbran los tesoros ocultos
de mi alma
y los exponen
en el herrumbre oxidado
de las eras.
Surge el grito vital
de mis entrañas
pues ya no tengo edad
en las edades.
Sorteo el pasado, el presente
y el porvenir
se tiende a mis plantas.
Fabuloso y mítico ser
encadenado
mi espíritu rompe
las barreras.
Mis ojos no pueden abarcarlo
todo,
mi campo visual delimita
perdiendo de vista el contexto.
Me abruma un peso insostenible
de montañas
que están más allá de mí;
floto en caudales
oceánicos;
una pesadez aérea
me agiganta.
Mi ojo es el tiempo,
me traspasa
y yo misma me miro desde adentro
con la mirada inquisidora
de una extraña.

Haydée Norma Podestá

UN ÁNGEL DE ALAS ROTAS

para Hugo Neira Paredes, un buen y apreciado amigo, este pedazo de arco iris que siempre brilla después de las tormentas

Desprevenida iba caminando por la calle. Hacía ya un rato que dejara de entretenerme en romper con mis zapatos las caídas hojas con que el otoño tapizaba las veredas. Me gustaba ese ruido seco que hacían al quebrarse. Me servía para olvidarme que debía atravesar ese barrio solitario, de anchas veredas bordeadas de árboles tan inmensos que parecían tocar el cielo con sus ramas.
No soy muy temerosa, pero la noche dibujaba seres extraños en complicidad con la fronda.
La imaginación siempre pone su toque de fantasía. Los cuentos de hadas y duendes, tantas veces repetidos en las veladas familiares, agregaban desde la memoria del pasado, su pequeña cuota de misterio.
Pensé cuánto me había alejado de la pequeña niña que los oía asombrada grabando en su corazón puro y tierno, aquellas palabras murmuradas por la boca desdentada de su abuela.
Casi no reparé en el momento en que una luminosa brillantez atravesó el follaje ennegrecido de los árboles. Fue en ese preciso momento en que cayó a mis pies como un meteoro de luz blanca. Cautivó mis ojos que lentamente se posaron sobre él. Era un pequeño ángel de luz con las alas rotas. Gemía suavemente como pía un inofensivo pájaro herido. Lo tomé entre mis manos y se acomodó en el nido de mis dedos fríos. Su luz les dio calor, sentí la palpitante tersura de su piel. Mi pequeño ángel estaba desnudo. Desnudo como mi ternura de mujer solitaria. Me miró con sus ojos dulces. Algo en esa mirada movilizó las íntimas fibras de mi condición femenina. Fue apenas un instante, un fugaz instante, pero mi matriz virgen pudo presentir lo que significaba dar vida.
En ese momento sentí cómo iba creciendo.
Movió las alas doloridas y se acomodó en el hueco de mis brazos. Con un pequeño dedo tocó mi corazón. Me fascinaba...no podía apartar la vista de ese ser que palpitaba tanta vida y que, sin embargo por extraña contradicción, se estaba apagando.
Algo tenue, como una melodía exótica y hechizante surgió de su garganta. Y con ella, el ángel creció otra vez...de pie a mi lado, ya podía abrazar mi cintura. Un cerco semejante al hierro fueron sus brazos al ceñirme. Intenté sustraerme, alejarme de allí, pero permanecía en una inconmovible unidad con la tierra bajo mis pies...
Lo insólito de la situación me encontró pensando en qué me sucedía, ¿qué sucedía?. La pregunta cobró consistencia en mi mente. ¿Qué arcano misterioso, qué casualidad hizo que se precipitara justamente a mi paso? "Las cosas no suceden por casualidad". La afirmación se oyó nítida. Es cierto.Siempre había afirmado convencida de que todo tiene una causa. "Las cosas suceden por causalidad", me encontré afirmando en voz alta. Pero no alcanzaba a darme cuenta de cuáles serían las causas de este encuentro.
Cerré los párpados. Cuando los abrí, el ángel sobrepasaba ya mi altura. Ahora sus alas rotas sangraban, pero aún las podía mover. Me tomó de los hombros y me volvió hacia su rostro. Sonreía. Desplegó sus alas y me envolvió en ellas. Viví cómo mi sangre por ósmosis extraña pasaba a su cuerpo, restañando las heridas, curando sus miembros quebrados.
El abrazo de la criatura celestial era intenso, como queriéndome fundir en una sola esencia con su realidad desconocida. Aumentó la intensidad poco a poco, mientras mantenía sus ojos dominando los míos. Así fue bajando la cabeza hasta rozar mi boca. Absorbiéndome...más aún, extrayendo hasta mis más secretos sentimientos...Chupándome, convertida toda en una masa líquida que anhelaba esa posesión extraña. Inexplicable.
Me estremecí, intenté sustraerme a su sortilegio, pero no me dejó hasta que mi corazón tantas veces herido, ocupó su pecho. Entonces...batió sus alas y se perdió, feliz, regenerada cada célula de su armonía espiritual por sobre la realidad de mi envoltura carnal, en los espacios siderales...
Y yo quedé llorando.

Haydée Norma Podestá

PAISAJE

Un sauce de sonora cabellera
junto al río inmóvil
mortecino.

Una puesta de sol;
explosión de rojos,
fucsias,
amarillos,
azafranes
y un toque de carmín
tras de una nube.

Un pájaro carpintero
repiqueteante
sobre un tronco hueco
y un tordo , disparada
flecha
negriazul
hacia la noche.

Más allá
los huecos del paisaje
rellenos
de un adormecido
piar de aves.
Sensación de paz.

Sólo mi corazón
estallando
en mil pedazos.
Dividido.
Sin remedio,
dividido.

Haydée Norma Podestá

BRILLO FUGAZ

Viene volando hacia mí, remolineando en el cielo tormentoso. Gira y gira, pequeño ramillete con alas, sombra fugaz que aparece y desaparece. Cierro los ojos un instante para capturar tu vuelo blanquecino entre el polvo gris que arrastra el viento. ¿Eres pequeña e indefensa paloma entre las hojas doradas del otoño? Como aquellas que volaban en mi infancia, trazando círculos invisibles en el cielo azul que se escapaba, rendida mi espalda sobre el pasto verde y fresco.
Ahora me pareces una mano que agita un pañuelo...que se escapa. Porque subes y bajas y te acuestas a descansar dormidas un instante tus viajeras ansias...para volver a saludar...¿a quién? ¿Acaso alguien más que yo te mira? ¿Dónde está ese alma gemela a quien me hermana la vista perdida en tu revuelo? Tremenda injusticia sería que existiéramos y no nos encontráramos.
Cambias y reflejas chispas de luz frente a ese rayo de sol que se dispara recto hacia el paisaje, por un hueco, entre las nubes de tormenta.
¿Por qué brillas? ¿Acaso eres la imagen de mis lágrimas condensadas en tantos días de pesares? ¡No te vayas! Vuelve hacia mí tu remolino, gira en el viento, acorta las distancias que ya corro hacia ti con mis manos entrelazadas, canasta de dedos para recibir tu alma...
¡Ya llegas!
¡Ya estás aquí!
¡Ya pasas, pequeña y transparente bolsa de plástico, arrugada, desdeñada! ¡Cenicienta translúcida a quien la cercanía de mis ojos le acaba de tocar las doce campanadas!


LAS BOLSAS DE PLÁSTICO SON UNA AMENAZA PARA LA VIDA NATURAL DEL PLANETA Y SU FABRICACIÓN AUMENTA EL PELIGRO DE RECALENTAMIENTO GLOBAL ACRECENTANDO EL EFECTO INVERNADERO... CAMBIÁ LAS BOLSAS DE PLÁSTICO DE LOS SUPERMERCADOS Y NEGOCIOS, EXIGIENDO BOLSAS DE PAPEL RECICLADO O LLEVANDO TU PROPIA BOLSA DE TELA...PENSÁ EN TUS DESCENDIENTES...ELLOS TIENEN DERECHO A UN PLANETA DIGNO DE SER VIVIDO EN PAZ Y A DISFRUTARLO EN TODA LA BELLEZA DE SU CREACIÓN PRIMIGENIA.

Haydée Norma Podestá

MI PADRE

A la vera de la casa solariega, sentada en los escalones de mármol de la entrada, siento la presencia física de mi padre.
Me envuelve el espacio azuloso de la noche estrellada y eterna. Eterna como la presencia de ese hombre de ojos verdes y sonrisa plena de blancos dientes.
César Augusto Podestá llegando desde el tiempo donde las cosas ya no mueren, con su risa y con sus mimos, con esa alegría de todos los días con la que borraba el cansancio del trabajo, con un morral intangible de cuentos de hadas o de historias fantásticas.
¡Oh, mi padre! ¿Te acordás, mamá, cuando te alzaba en el aire, tomándote de la cintura y te decía:"¡Hola negrita!", mientras mi hermano y yo girábamos felices alrededor, inocentes víctimas del luto posterior y hasta hoy vivido? Dolor punzante y visceral del recuerdo siempre presente.
Padre bueno hasta la médula, esposo amante, amigo atento y servicial, ser solidario. ¿Por qué te fuiste tan pronto y repentinamente? ¿Qué arcano ignoto te arrancó de mi lado para dejarme esta soledad que no termina?
¡Ay, la vida!
La vida viva de todos los días.
Despertar, trabajar, hablar, sonreir, caminar, correr, lavarme los dientes, soñar, sufrir, respirar, amar, tener fe y volverme a dormir, para despertar mañana.
Siento que estás allí mientras escribo, del otro lado de la mesa familiar, y me miras con ternura.
Entonces te susurro:
Ya no estás
es verdad.
Nos separa una eternidad
inmensa pletórica perenne ególatra
idealizada.
Ya no estás,
es cierto;
pero vives en mí
porque no morirás nunca
mientras uno solo
de tus descendientes
te recuerde...
mientras yo
te recuerde...

Haydée Norma Podestá

TU NOMBRE

Miré una estrella
buscando en su brillo fugaz
tu nombre...
mas, sólo titilar perpetuo,
me dijo:
-Aquí no guardo su nombre.-

Pedí del viento a las voces
que tu nombre
corearan...
pero el eco de los vendavales
de todos los tiempos,
respondieron:
-No sabemos su nombre.-

Grité al rugido salobre del mar
que escribiera tu nombre
en la arena...
ni aún del fondo marino
pudo un caracola
resonar tu nombre.

Le rogué a las letras amantes
de todos mis versos
que enlazaran tu nombre...
De ningún poema de amor
se formó en el éter
tu secreto nombre.

¿Quién podría decir con certeza
que sabe tu nombre
si yo guardo en el fondo de mi alma
la música dulce
que forma tu nombre?

Y sonreí a la vida
porque puedes ser
cualquier persona...
Sólo tú y yo sabemos
las letras
que graban tu nombre.

Nadie más, amor...
Quien así lo diga
engaña tu nombre.

Haydée Norma Podestá

miércoles, 13 de mayo de 2009

SOL DE MI EXISTENCIA

Sos la luz de mi vida.
La galáctica
universal esencia
que me nutre,
corpúsculo celular
de mi persona.
Vía Láctea afrodisíaca
de mis nocturnas horas.
Conjunto planetario
de mis órganos
que me mantiene
viva
y me proyecta
al horizonte núbil
de mis sueños.

Te amo
más allá del cosmos-madre
que alimenta ubérrimo
nuestros cuerpos
transfigurando
los gemidos del deseo
en seminal explosión
del alma-carne-espíritu
en el cántaro inmaterial
que nos contiene.

Tus alfaréricos dedos
me modelan
pulsando cada punto sensorial
de mi estructura
vibrando los cristales de mis ansias
en el coral concierto envolvente
de tus propias ansias
de mi néctar.

Sos el sol de mi existencia.
Lucero de mis madrugadas.
Luz abrasadora
incandescente hoguera
de mi vida.

¡Te amo
más allá del universo!

Haydée Norma Podestá