Lo esperaba sentada debajo de la sombra del montecito; la mirada, baja y perdida en ensoñaciones, descansaba sobre el agua clara del arroyuelo. Percibí el chasquido de una rama. Un instante después sentí su aliento ardoroso sobre mi nuca. Me dí vuelta con la sonrisa oliendo a felicidad, cuando dos manos atenazaron mi cuello… Ahora mi alma navega aguas abajo sobre una violácea flor de jacarandá.
Haydée Norma Podestá
Rosario, 23/9/11
Santa Fe, Argentina
Derechos reservados
