Los dos, que fuimos idea de
uno,
en nada hemos quedado,
el uno del otro.
Seguimos siendo solos en
nada,
sin ti y sin mí,
uno sin otro.
¡Huéspedes importunos de cuerpos y almas,
distintos de ti y de mí!
¡Siempre la misma historia!
¡Es el amor, me dicen!
Luego, el alejamiento de la presencia
suya.
Después, el olvido, confesión de la derrota,
sin aceleración,
sin descanso.
-¿Nada?-
Muerde carne alma cuerpo.
Manuel María Torres Rojas

