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jueves, 22 de diciembre de 2011

LOS DOS

Los dos, que fuimos idea de 

uno, 

en nada hemos quedado, 

el uno del otro. 

Seguimos siendo solos en 

nada, 

sin ti y sin mí, 

uno sin otro. 

¡Huéspedes importunos de cuerpos y almas, 

distintos de ti y de mí! 

¡Siempre la misma historia! 

¡Es el amor, me dicen! 

Luego, el alejamiento de la presencia 

suya. 

Después, el olvido, confesión de la derrota, 

sin aceleración, 

sin descanso. 

-¿Nada?- 

Muerde  carne  alma  cuerpo.

Manuel María Torres Rojas

...me gustó...me caló hondo...y me la traje despacito, bajo el brazo, para compartirla en mi blog...¡¡¡Muchas gracias Manuel María!!!...nos habla al corazón de muchos...

miércoles, 10 de agosto de 2011

TERCA LUZ

Un magnífico poema del escritor español Manuel María Torres Rojas donde la magia de los colores compite con la belleza de las imágenes para dar marco a su profundo contenido.
¡¡Muchísimas gracias, poeta, por permitirme compartirlo y por dar jerarquía a mi blog!!

( foto Daria Werbowy por Cass Bird )

De la terca luz su postrer fulgor reúno.
Cautivo y descompuesto en oros y malvas y esmeraldas,
el fulgor apenas vela mi ánima de ambarinos linos.


Tal vez fuera piadoso que esa luz de luz se recogiera
en un solo haz de domésticas volutas, polvo de libros,
y así el niño que queda apenas tuviera otra encomienda
que limpiar las celdillas de mi memoria.

Mas... ¡qué va!... la impía luminiscencia no ceja
Hasta derribar el nido de mi cama.


Quiebra el rayo por el cristal herido
y rompe en topacios y opalinas y cárdenas turmalinas
que a danzar invitan al hombre antiguo y a la mujer nueva.

Bailamos tres, el hombre solo,
la mujer que llega y el eterno niño.


Peces fusiformes chocan, mecánicos,
sus bocas en minerales besos de estéril cortejo;
mil cristales bermellones revientan
las paredes cotidianas de mi egocéntrica guarida.


¡Inclemente luz que a su albedrío administra las sombras!

Tarde quita claridad y el ocaso abate los colores
y gemas presos en los vidrios de mi caleidoscopio.

Hombre, mujer y niño lamentan la noche.
     
MANUEL MARÍA TORRES ROJAS