sábado, 25 de enero de 2014

VIEJA CASA


Este bello y sentido escrito pertenece al poeta chileno Gérak Millalonco Velásquez, organizador del Primer Congreso por la Paz y la Identidad de los Pueblos, Chiloé, Chile, 19 al 24 de febrero de 2014.





Los restos de una vieja casa, 

inevitablemente trae recuerdos en sus tejuelas. 

El desahogo entre las arenas

me mostraron llagas en los varallones

tristeza y lagrimones impregnados en 


las arenas. 

Las manzanas del entorno estaban adoloridas,

y hasta las murras envolviendo los mimbres

arrepentidas se mostraban con sus hojas cabizbajas. 

Viejas estacas sin ánimo de envolver las tierras,

y viejas maderas guardan en sus grietas,

llantos, risas, sonrisas y gritos,

y en las flores moribundas se refleja aquel pasado,

golpes, comidas, fiestas, partos, agonías y velorios,

y todo está en el eco que en las viejas tejuelas parece 

eterno.


Gérak Millalonco Velásquez.

CIELOS



Amo los cielos que se asoman a la mañana para despertar al día.
Los cielos plenos del mediodía  cuando el sol acaricia nuestras sombras que nos abrazan  y nos contienen.
Los cielos atardecidos con sus colores que buscan las miradas de los poetas.


 Amos los cielos despejados y los que se visten y desvisten con nubes tan efímeras como el vuelo de una golondrina.
Los cielos tormentosos y oscuros preñados de lluvia y rayos.
Y amo los arco iris que me despiertan una sonrisa y la ilusión de poder trepar por ellos al cielo o de encontrar algún día el caldero que ocultan en sus extremos.
Haydée Norma Podestá.

Las fotografías son de mi autoría.


jueves, 16 de enero de 2014

LUNA NUEVA

video
Este es mi primer video.
Muy simple, con defectos...pero todo un logro, teniendo en cuenta que tuve explicaciones muy básicas sobre cómo usar el programa.
Otro comienzo en mis aprendizajes.

domingo, 12 de enero de 2014

LA POLILLA EN EL CLAUSTRO

Este cuento mereció el 4°Premio en el II Concurso de Poesía y Narrativa “Luis Bernardino Negreti”, SADE (Sociedad Argentina de Escritores) filial Junín, 2013.

¿Cuánto tiempo hacía que Valentina vivía voluntariamente reclusa en la penumbra de esa habitación que ella denominaba su claustro? El tiempo, que a veces pasa lentamente y otras veces vuela impaciente, nada le decía, ya que, junto con el encierro, había decidido no volver a darle cuerda al antiguo reloj de pie que perteneciera a su abuela paterna. Por otra parte, la vieja criada, resabio de mejores tiempos en la familia, que la atendía cotidianamente, era un fantasmal contacto con el resto de la casa que ella se negaba a recordar como parte de su existencia.                                                               A su pesar, Valentina cada tanto rememoraba otros tiempos; aquellos de  la infancia en que la casa se estremecía con su risa y la de sus hermanos mientras corrían por las vetustas habitaciones de sus ancestros o se deslizaban por los pasamanos de las escaleras hasta que los detenían las grandes bolas de bronce que servían de remate a éstos. Eran los días de su madre con su dulzura besucona y los de su padre, más serio y distante, para quien los niños eran la consecuencia natural del matrimonio y la continuidad segura del apellido en los hijos varones, a los cuales prestaba una atención diferente que a las hijas mujeres. Eran cuando las historias familiares se escribían con la alegría de vivir y las veladas atardecidas en el salón grande que daba al jardín. Después la misma vida se fue llevando primero a sus padres y luego a sus hermanas y hermanos varones, quienes se fueron de este mundo solteros, dejando así caducos los sueños de posteridad del austero jefe de la familia.                      
Entonces, se fue encerrando sin darse cuenta en el cuarto que le servía de caparazón como al caracol su casa, diferenciándose de éste en que no llevaba su casa a cuestas mientras recorría el mundo de los vivos, sino que las cuatro paredes entre las que transcurrían sus días la inmovilizaban en el fantasmagórico mundo de los muertos.        Sin embargo, Valentina despertó esa mañana presintiendo que algo alteraría la
 monótona aceptación de su encierro. En la penumbra de su cuarto se movió como cada día con el recuerdo exacto de la ubicación de los muebles mientras se vestía en espera del llamado de su criada que llegaría como siempre con la bandeja del desayuno. Miró a su alrededor las siluetas familiares, implantadas en sus lugares correspondientes. Nada parecía fuera de lugar… ¿nada?                 
Sus ojos exploraron impacientes respondiendo a la incómoda sensación que la iba poseyendo para descubrir el motivo de su desazón.                                   
Porque esa mañana algo alteraba la umbría persistente. Atravesando el pesado cortinado, un diminuto resplandor ponía una nota extraña, pues filtraba un débil rayo de sol hasta sus manos.                                                                
Con inexplicable esfuerzo se acercó, descorrió las telas desteñidas y abrió su vida, después de tantos años, al sol de la mañana que la rescató con su luz vivificante…mientras una polilla buscaba otro refugio donde esconderse.

Haydée Norma Podestá
Publicado en mi libro "Mundo real...mundo fantástico"(en edición)